Comisión Directiva de AAPI

La Asociación Argentina de Psiquiatría Infanto Juvenil y Profesiones Afines (AAPI) rechaza el documento de la Dirección de Salud Mental y Adicciones de la Nación, dependiente de la Secretaría de Gobierno de Salud del Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación, con el título: «Conceptualizaciones sobre la salud mental infanto juvenil».

Dicho rechazo se basa tanto en consideraciones metodológicas como conceptuales, científicas y académicas.

Entre las primeras, debe señalarse como elemento de gravedad, para producir un documento de esta naturaleza, la falta de consulta a las asociaciones científicas que trabajan con niños y adolescentes tales como AAPI, que tiene 50 años de trayectoria y cuenta entre sus socios a los médicos de hospitales públicos y privados y la mayoría de los jefes de Servicio de Salud Mental Infanto Juvenil y a los Médicos Psiquiatras Infanto Juveniles que trabajan a lo largo y ancho del país. Tampoco se ha consultado a los Servicios de los hospitales públicos, principalmente aquellos de los hospitales pediátricos que poseen el más alto índice de consultas realizadas, en muchas ocasiones en condiciones precarias, con escaso apoyo de las autoridades, sin lugares para derivación, con una oferta asistencial escasa y centralizada y con pocos recursos humanos y de infraestructura.

Recordamos que, en otras oportunidades para expedirse en situaciones similares, incluso de menor impacto que las aquí tratadas, dicha Secretaría realizó amplias consultas (ver documento TDHA, año 2007, por ejemplo).

Desde el punto de vista conceptual, el documento, trasunta en el mejor de los casos un listado de buenas intenciones, de prácticas o recursos inexistentes, que precisamente son responsabilidad de esa misma Dirección de Salud Mental y Adicciones, que es quien debería plasmar en una red de prevención y asistencia los mismos, y que funcionan deficitariamente en la realidad. Sólo el esfuerzo de los mismos profesionales ignorados en el escrito hace que la situación de nuestra salud mental no sea más dramática todavía.

La perspectiva del trabajo en Red y Comunitario es sumamente valiosa y debe articularse con el trabajo de los especialistas, quienes deberían haber sido consultados para producir un documento en el que se mencionan patologías de gravedad.

Nombra como instituciones monovalentes lo que debería llamarse “hospitales de especialidad”, ya que allí se asisten los pacientes de mayor complejidad que no pueden ser abordados adecuadamente en otros ámbitos.

Con respecto a los mencionados conceptos de ¨medicalización y patologización de los niños y jóvenes (pág. 27), coincidimos que los procesos naturales del desarrollo y propios del trascurrir de la vida no deberían ser llevados al campo médico, pero incurre en una falla grave cuando a continuación menciona severos trastornos que deberían recibir la opinión de especialistas psiquiatras. Cuestiona diagnósticos sin criterios científicos ni bibliográficos serios, que sí son avalados por todas las guías oficiales internacionales de la disciplina. Hay que puntualizar también algunas aclaraciones con respecto al concepto de medicalización.

La palabra “medicalización” constituye un neologismo, ya que no existe en el diccionario. El colectivo se suele referir con dicho término al acto de medicar en exceso o erróneamente, o al hecho de “no acordar con medicar a los niños”. Cabe aquí la aclaración de la necesidad de idoneidad médica especializada para opinar sobre cuando está o no indicado hacerlo, en qué dosis y por cuánto tiempo, y los riesgos de no hacerlo (como cuando existe diabetes y se indica insulina), agravando síntomas o perdiendo la oportunidad de que el niño continúe con un desarrollo saludable.

Al respecto existen guías internacionales basadas en estudios serios y en opinión de expertos mundiales, y no en posturas prejuiciosas que además desconocen los avances de nuestra disciplina.

Si bien compartimos la preocupación por la realidad social, no se hace mención a la que nos implica y que debiera ser resorte de la DSM. Los médicos sabemos que los problemas sociales inundan los servicios y que no es posible externar a pacientes, aunque tengan el alta médica porque no hay lugares adecuados donde derivarlos y la única opción a la internación es la calle. Opción que los médicos no aceptamos como viable.

Constituiría un buen comienzo tomar conocimiento que los boxes de las guardias muchas veces no pueden dar asistencia adecuada a pacientes que llegan con lesiones graves porque están ocupados con pacientes sociales, adictos o psiquiátricos que quedan en la guardia durante meses porque no se consigue lugar donde derivarlos.

Es importante destacar que cuando se habla de sufrimiento y padecimiento se omite a la enfermedad como la variable posible cuando hay alteración de la salud. La enfermedad mental no es siempre un “producto social “, ni discrimina por clases sociales. Es preocupación de la Medicina y Psicología a través de los siglos. Miradas reduccionistas no expresan otra cosa que ignorancia.

Para finalizar volvemos a reiterar que para poder elaborar planes, normativas, marcos de trabajo ,etcétera, es necesaria la convocatoria a los verdaderos efectores y representantes de la Salud Mental, y no que esto quede en manos de un grupo de pensamiento sesgado.

Está en juego la Salud Mental de los niños, adolescentes y sus familias. Merecen lo mejor que podamos brindarles.